M. Javier Paillalef


Mis canciones tocan corazones...

Esa mezcla explosiva que surge de la combinación de literatura y música. He fantaseado con una presentación en la que se convinen algunas de mis canciones con poemas propios y (¿por qué no?) de otros autores. Me he tomado las cosas con mucha calma en estos años y he dejado correr el río, pero cada tanto me siento en esa orilla, con guitarra en mano, y han nacido canciones que son, a esta altura, bastante más maduras que las primeras.

El párrafo anterior fue redactado en el 2013 y desde entonces pasó demasiada agua bajo el puente. Todo lo que entonces era apenas un sueño, hoy se ha ido concretando y ramificando también. Ya no está sólo mi guitarra, al punto de que para tocar el bajo con una pieza de cello adaptada, no hace falta pedir prestado un instrumento como sucedía años ha. Todo a su debido tiempo, porque cada sueño tiene su tiempo bajo el sol.

Lo que resta concretar hoy y está muy próximo, es el primer compilado de canciones para regalarle al mundo lo que ha estado tan bien preservado durante todos los años transcurridos.


Música y literatura, una mezcla explosiva

 

 


El tiempo de las canciones

Cuando era apenas un niño y comenzaba a coquetear con el mundo de las canciones ajenas, me planteé el desafío de hacer a los demás lo mismo que aquellos compositores conmigo a través de sus canciones. Quería componer canciones como One, de U2 o las que me gustaban de a-ha.

Sígueme, que hay un destino escrito a cada paso que tú des conmigo

 

Taulogías, Vox77

Las primeras canciones surgieron durante mi tránsito por las iglesias de San Carlos, y llegó el día que emulando a Calamaro tuve una canción para un amor que no fue posible: Terco corazón. Y antes de que comience el siglo, tenía cada semana una canción litúrgica nueva para presentar en la comunidad en que me congregaba. Mis canciones crecieron de ese modo en un ámbito exageradamente hostil, si bien, habían pequeñas y aisladas muestras de aprecio hacia ellas.

Como compositor, creí que había un tiempo exacto para que surjan las canciones que añoraba, mientras garabateaba con melodías no convincentes y letras que se guardaban en la bodega del tiempo hasta que fermenten y estén en las mejores condiciones. Desde 1997, año de la primera canción, hasta 2010, hubo paciencia para aguardar aquello que sabía que llegaría.


Los instrumentos

El primer amor en la música fue el piano, a mis 5 años, pero se hacía un sueño imposible para aquella época. Con la adolescencia, llegaría la pasión por el bajo eléctrico y mirar programas de TV hasta extasiarme al ver el instrumento de cuatro cuerdas. Mis primeros instrumentos, antes de saber tocar siquiera un acorde, fueron una guitarra criolla y un pequeño tecladito CASIO que compré como regalos para mis pequeños hermanos. Yo entonces contaba con 13 años y ya trabajaba para alcanzar los sueños que se hacían menos imposibles ya.

Mis dos hermanos menores nunca mostraron interés por esos regalos a los que terminé prohijando (o tal vez, nunca tuve la determinación de desprenderme de ellos y regalarlos fue la excusa para poder comprarlos). No era sencillo conseguir permiso para comprar instrumentos mientras las necesidades familiares eran otras más urgentes.

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