Marcelo Javier Paillalef


París estuvo siempre cerca

Un pequeño análisis sobre la educada escritura de Borges, por MJPYo le prometí a cada una de mis novias pasadas, la seguridad de una luna de miel en París. Ellas tuvieron mejores planes; yo no tenía con qué, pero creía que no había imposibles en los juegos de rayuelas que vivimos entre la tierra y el cielo.

Quizá alguna otra quiera ahora ser quien me acompañe a la Ciudad de las Luces, pero hay otra persona que lo merece más que nadie y que seguramente vivirá la experiencia de caminar por un lugar con el que nunca creo que haya soñado en su vida. Esa mujer tiene muchísimo que ver con mi vida desde antes de su inicio, por lo que, si hay próxima novia, ya le prometeré cosas más simples que ir a París.

La fecha ya está definida; de todos modos, mucho que digamos no sirve escupir hacia arriba, porque si bien hay un gran anhelo de sentarme un rato en la tumba de Cortázar en el Montparnasse parisino y dejar que mi cronopia imaginación se impregne de fantasías como para escribir sensaciones y emociones, las cosas del destino te invitan siempre como yo a mis malogradas novias y pudieras no saber qué será de la vida mañana mismo, aunque bien dijera John Keats que al futuro hay que realizarle profecías que luego se esmeran por cumplirse. No me puedo llevar a esas novias que quedaron en el camino, lo lamento (no sé si ellas).

Claro que París es mucho más que Julio Cortázar; por algo se empieza. La cigüeña que me trajo vino de París, hipotéticamente hablando. Cuando estudié francés, me imaginé que alguna vez podría practicarlo en una calle parisina. ¿Encontraría acaso a la Maga? ¿Qué le diría, en todo caso?

Fantaseo también con el viaje de los autonautas por la cosmopista, y también está Carol Dunlop allí para siempre junto a su amante viajero. Y no quiero llegar a Marsella, prefiero Ginebra o la casa en que Beethoven nació, según dicen, igual día que lo hice yo. Quiero Praga y quizá Polonia; quizá mi amiga polaca, qué se yo. Pero todo está tan cerca de París cuando lo pensás bien.

Quizá busque a la Maga haciendo el recorrido de Michael Hutchence para el video de la canción Never tear us apart. Yo me había hecho ilusión que de mis novias nada me separaría, pero ya ves, hoy eso no importa.

¿Cómo puede ser que las mujeres echen a perder una historia tan romántica? Seguramente están acostumbradas a otra cosa. En Ginebra está Borges y el banco en que alguna vez fantaseó con encontrarse a su yo del pasado. París estaba tan cerca, pero allí se ubica también la tumba del amor: Julio y Carol. Yo lector. En un banco de Ginebra podré hablar con mi yo pasado; lo invitaría al viaje también.

Hubiera sido mejor si no prometía. Una sorpresa sonaría distinto, para qué ilusionarlas. Yo no tenía con qué, pero París estuvo siempre en mi camino. Era cosa de llevarnos bien, nada más. ¡Qué lástima! Le contaré a alguna Maga lo que hubiera sido, pero no me quedaría a vivir en París por ella tampoco. Yo tengo mi propio rincón en el mundo y eso no se negocia.

Hagamos de cuenta que es una fantasía más de las mías. Te prometo París, después veamos qué queda de nosotros.

Me verás llegar París
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