Marcelo Javier Paillalef


Mi Pregunta Retórica

El que quiera oir que oiga

¿Te acordás? Entonces, ¿te acordás? Yo también y creo que si nos ponemos al día, vamos a encontrar demasiadas coincidencias, si bien, a mí hoy no me interesa que las tengamos; no sirven para nada porque vos y yo vamos a ser distintos como dos planetas en su propia órbita; lo interesante es que hayamos sabido danzar girando en torno a eso que nos pasó y fue hermoso, tal vez coincidás. Que no te moleste el que yo piense que no me interesa coincidir con vos, porque va por el lado bueno. Vos sabés bien que yo demandaba que vos te comportaras como a mí se me antojaba, y tenía mi propia idea de cómo era el amor. Todo eso se me hizo añicos y el tiempo me enseñó algo más que a recordarte y pensar demasiadas veces en vos y en nosotros, esa combinación de segunda persona con primera; mezcla de tu singularidad con una pluralidad que todavía nos mueve algo. Vos contestás a lo que te escribo y a mí me satisface el doble, porque el desahogo de expresarme, me alivia, me gratifica y deja documentado lo que pienso de vos, de mí, de nosotros y de todas las personas gramaticales, ya que estamos. Pasado, presente y un futuro que no se nos hace ajeno porque en las ilusiones siempre estuvo. La pluralidad y las canciones; todas las que hubieron, distintos idiomas pero un mismo lenguaje. Vos hablás de no entender, como si alguien pudiera explicarse qué es todo esto, por qué una vez más.

Podrías haber considerado la distancia entre nos, pero, por cerca que estuviéramos, hay tanto que nos separa que el milagro fue habernos sentido juntos alguna vez. ¿Pensaste en eso? Vos me decías que yo necesitaba conocerte para darme cuenta de que no sos nada parecida a como te descifraba yo; ¿qué quedaba para vos? Puede que todavía yo esté intentando encontrarme después de vos; acaso, me haya perdido para siempre. Pero no fue una pérdida de tiempo por mucho que te lo haya repetido hasta cansarte. Una noche más, ¿me la hubieras dado? Y vos también le llamás locuras a tus ocurrencias; para mí, no lo son. Y van a seguir pasando los años y no creo que disminuya el peso de los recuerdos: tuyos, míos; compartidos. Me sucede que crecés también dentro mío como si el recuerdo tuyo fuera una criatura.

Si supieras todas las cosas que han cambiado en mi vida, sonreirías de que tu recuerdo siga inmutable en mí.

Escuchá la mejor música y una clara impronta barilochense
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