Marcelo Javier Paillalef


Coexiste: Imágenes que valen más que mil palabras

Hace dos años hoy, una de mis notas periodísticas se ubicaba una vez más en portada del diario local El Cordillerano. Los estudiantes del colegio Don Bosco, los protagonistas.

El mural Coexiste, en las paredes del Don BoscoEn la Asamblea General de las Naciones Unidas, la Jefa de Estado de Argentina, instaba al mundo, y en especial a los mandatarios de los países más poderosos del planeta, a trabajar por la paz, y destacaba la importancia del diálogo, entre otros asuntos claves para el orden mundial.

Lejos de Nueva York, en una ciudad patagónica de una belleza descollante, un grupo de alumnos del colegio Don Bosco, dan las pinceladas finales a su obra de arte que dieron en llamar, “Coexiste”. Está claro que no hay la intención de señalar que todas estas mentes artísticas simpaticen con el kirchnerismo, porque si bien, en la alusión al nombre del mural, lo que se trasluce son las religiones del mundo, lo político ha significado un aspecto de mucha división en Argentina, por lo que podría entenderse en este contexto, que los estudiantes del colegio barilochense, están demostrando que no hay la división que se pretende imponer muchas veces. Y su mensaje trasciende lo religioso y lo político; alcanza lo humano, y en especial, al compromiso que tenemos de tomar conciencia en cuanto al curso del mundo en que estos jóvenes serán intérpretes protagónicos de la realidad. En el coexistir, debemos pensar tanto en la buena comunicación entre los seres humanos, sino también en la interacción con el medio ambiente y las demás especies que hacen a nuestro hábitat natural.

La edición digital de El Cordillerano aquel 27 de septiembre

Y cualquiera pudiera pensar que no se pueden mezclar a la ONU, con un discurso, con lo político, lo religioso, con un mural, con los estudiantes… Quizá, todo esto surge al contemplar lo que intentan expresar los alumnos del centro de estudiantes del colegio, que recibieron el apoyo de la institución que les puso a disposición la pintura y la pared; que ellos se encarguen del resto. ¡Y cuántos cuadros podrían pintarse con esa frescura juvenil si les diéramos a los jóvenes un lugar como el que aquí se les dio!

El mural Coexiste, en las paredes del Don Bosco

Después, el mundo los absorbe y se pierden entre la tediosa rutina que el mundo impone al hombre para que funcione como engranaje del sistema que va poco a poco olvidándose de lo fundamental: no hay más que sólo un planeta, un sol, una luna y tenemos que aprender a compartir todo eso y a cuidarlo. Por eso, Coexistir, como para estar a tono con ese grito de los hombres y mujeres de buena voluntad que piden para el mundo paz, con todo lo que ella implica.

Los pormenores de la nota para el diario

La nota la había escrito anteayer, por lo que ha de entenderse ese error mío de no corregir ayer el inicio de la nota. Cuando la llevé ese día al diario, estaban almorzando y no quise interrumpir ese momento. Ese día me fue imposible volver porque tuve una tarde diferente, única, etcétera, de la que en otro momento podría compartirles.

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Resulta que el día martes me topé con ese mural en plena elaboración artesanal y le dije a los artistas que les tomaría unas fotos, que andaba apurado, pero que si al jefe de redacción del diario la nota gustaba, podía salir publicada; no les prometo nada pero veremos. “Ah, bueno, muchas gracias”. Ese día, imposible armar la nota y menos entregarla a tiempo para que salga en el diario. Entonces, pasó lo del miércoles, arriba mencionado. También volví a pasar y la cosa ya estaba muy avanzada. Hablamos como sabe el buen lector del nombre del mural y les gustó la idea del Coexiste que a uno de los pintores se le ha debido ocurrir para dejarlo bien puesto en lo alto del cuadro.

Y mi nota comienza hablando del discurso justamente censurado al parecer en la ONU. Eso al menos supe ayer, aunque no lo chequeé. Y hoy, ya 3 días después de ese primer encuentro accidental con el arte, junto a la visita de la Presidenta de Argentina a mi ciudad, luego de su paso por Nueva York, sale en tapa la nota mía que empieza hablando de lo que ella dijo en la ONU, y de la religión, de la convivencia con el medio ambiente y los unos con los otros.

PublicidadY junto a mi alegría, pasé por las oficinas del diario a ratonear un ejemplar, y así llevarles al colegio, pero no quedaba ninguno a mano, venite mañana y te lo llevás. Entonces, kiosco y el paso por el Don Bosco cuando el ruido de la salida de un turno llenaba el primaveral mediodía. Reconocí a una de las chicas de la sonrisa aquella y le comenté, mostrándole el diario que había salido su nota.

De allí se juntaron varios estudiantes y dieron una mirada a la nota que no tiene la finalidad que ellos habían sospechado al ver el encabezado. “¡Qué tiene que ver Cristina, si pintamos una cuadro y no somos de la Cámpora!”, han de haber pensado hasta que los insté a leer la nota completa. Pero las causalidades dieron el marco perfecto a todo este relato, porque en la tapa del diario, bajo el anuncio de la visita presidencial, la foto del Coexiste, y si algún asesor local se aviva y le pasa el diario a la Primera Mandataria de mi país, puede que le guste la relación hecha, porque conociéndola, sé que le encanta que los jóvenes se involucren con la historia en el presente perfecto.

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