Marcelo Javier Paillalef


Vidrio en la playa, tus besos salados, mi gitano corazón, el Viento, tu mar azul y mi vacante lugar

Ya pasó la tormenta pero el viento no deja de molestarnos en Bariloche. El huracán de sermones también quedó atrás y no sé si haya algo que cambiará. Todavía no he entendido el nombre que quiere susurrarme el viento y no acostumbro a volver atrás.

Mi gitano corazón ha sabido aterrizar donde menos se lo esperaba; también sin previa advertencia huyó a desiertos llenos de arena para buscar algún oasis en medio de tanta sed espiritual. Y ya no sé si podamos ser amigos porque las cenizas éstas denuncian que hubo fuego y tal vez todavía no esté extinto el volcán como para arriesgarme a tus encantos.

Alguien más caerá a tus pies y querrá ahogarse en ti…

 

MJP - elJavier.com

Hay bajo los árboles entre los que caminamos una risa macabra que se esconde entre las hojas en que escribo. A veces cruzo la línea sin saber quién empujó a quién. Hago de cuenta que no me importa, pero si fuera así, no habría por qué dedicarle unas líneas. Me importas pero ya ni quiero que lo pienses; ya fue, se acabó lo que no empezó. No hubo principio ni final y alguien habrá que quiera tus besos con sabor a sal. Mi lugar no quedará vacante aunque dejaste vacío mi corazón como para que cualquiera llegue a ocupar la casa que había ordenado para que sea tuya. Y lo bueno de eso es que no tendrás que domar mis caballos salvajes; no soy fácil de llevar aunque parezca tan apacible. Esperaba sumergirme en tu mar azul profundo pero desaparecí caminando una vez más por la arena de una playa que borra mis huellas con el agua y mis pies descalzos sangran porque fuiste el vidrio que abrió mi piel y dejó expuestos mis sentimientos que no quisieron nombrarte porque tampoco los demás saben entender al Viento cuando pasa por su lado. Hubo un accidente que no sucedió, hubo un choque que evitamos.

No sé si pienses que demandaré revancha: te sugiero que no mires hacia atrás; que sean tus besos salados sin que te vuelvas estatua de sal. Alguien seguirá leyendo lo que te escribo y tratará de identificarte entre mis letras. Hay cosas que dijiste que no debiste haber pensado pronunciar y aunque cantes aleluya después, las palabras ya no vuelven al lugar del que salieron.

Alguien más caerá a tus pies y querrá ahogarse en ti…

No es fácil cerrar la puerta que dejaste abierta; yo seguiré caminando con mis indómitos caballos hacia la próxima tormenta. ¿Habrá alguien que quiera domesticarme bajo la sucia lluvia?

Soy peligroso.

Tal vez no sepa lo que quiero, pero más vale ser honesto que venderme como un osito de peluche para que no me dejes fuera de todo alcance. Y todavía no sé quién domará mi salvajismo.

¿Podremos aún ser amigos?

Hey, hey, sha la la…

Me verás llegar París
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