Marcelo Javier Paillalef


Un paseo a la cumbre del Cerro Otto

Medellín un 24 de junio

Luego de la primera experiencia en mayo, Colombia ya estaba a la vuelta de la esquina. Se hacía necesario combinar el momento justo como para coordinar con el trabajo. Podría ir y volver, con la condición de llegar en el primer vuelo de la primera guardia laboral y trabajar durante el resto del día. Resultaba fortuito el destino puesto que la llegada a la Ciudad de la Eterna Primavera se daba el día en que se cumplían 81 años del accidente mortal en avión del emblemático cantante de tango argentino Carlos Gardel.

Esta segunda experiencia respondía al viaje de la entonces novia de Javier. Un mes antes había sido la ocasión de conocer a la hermosa familia colombiana y compartir emotivos momentos juntos que volverían a repetirse. Había planes de matrimonio y la idea consistía en realizarlo en Cartagena de Indias donde residía una importante parte de la familia de la novia.


Breve estadía en Bogotá

Luego de llegado a Medellín, el tiempo alcanzaba para una sola jornada de la cual se extrajo el máximo provecho. El pibe que casi nunca se compra ropa, aprovechó la bonanza de Medellín y el criterio de la novia para elegir un buen número de prendas y ciertos regalos para Argentina. La noche no alcanzó siquiera para reposar quizá por la ansiedad del viaje. Muchas cosas se jugaban en este desafío, entre ellas, el compromiso ante la familia de cuidar el primer viaje al exterior de quien partía a vivir una nueva experiencia en el Sur del continente.

El vuelo a Bogotá era temprano en la mañana y desde Bogotá a Buenos Aires, el domingo 26 de junio a las 19 horas. Era necesario un descanso en la capital de Colombia y a diferencia de la primera visita, esta vez el hotel fue un paso mejor planificado.


Regreso a Argentina

Por un incidente que sucedió antes del despegue, el vuelo desde Bogotá terminó demorado por más de 2 horas. Finalmente, pasadas las 10 de la noche, y mientras la selección argentina de fútbol caía una vez más ante Chile por la Copa América, el vuelo 1361 partía hacia Ezeiza, Buenos Aires.

La llegada a Ezeiza, con los correspondientes controles de aduana demoraron el check-in para la conexión con la ciudad de San Carlos, por lo que se hizo necesario aguardar hasta el siguiente vuelo cuya partida sería para las 7:55 de la mañana del 27 de junio. Ese avión al que Edith sube sonriente tuvo una nueva demora debido a un reporte del comandante del vuelo quien anunció que por una luz que no debiera estar encendida, el despegue iba a demorarse cuando ya la tripulación de vuelo estaba haciendo las indicaciones de seguridad y el avión moviéndose hacia la pista. Fue necesario regresar al aeropuerto y esperar a que se asigne un nuevo avión, aunque terminó arreglándose el inconveniente puesto que subimos al mismo avión del que nos bajaron. Pasadas las 9 de la mañana de ese interminable y agotador día, remontábamos vuelo en el último tramo hacia la ciudad patagónica.


la llegada a Medellín se daba el día en que se cumplían 81 años del accidente mortal en avión del emblemático Carlos Gardel.
Javier

Llegada a San Carlos

El retraso de Bogotá repercutió en el tramo Ezeiza-Bariloche, además de que otro infortunio demoró también el despegue del vuelo en que finalmente la pareja recorría la parte final de la travesía rumbo al Sur.

La llegada a San Carlos se daba un poco más tarde de lo previsto, y en el caso de Javier, eso siempre representaba inconveniente.

El arribo al aeropuerto internacional de San Carlos de Bariloche se dio finalmente pasadas las 11 de la mañana. La familia de Javier acudía a recibir a la novia que por primera vez verían. Leticia, hermana de Javier, había señalado siempre que hasta no ver a esta supuesta novia en persona, no creería en dicha relación. Hubo desde ese primer momento muy buena química entre las mujeres, que duraría hasta la partida a Colombia de la visitante.

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